Publicado: 15 julio, 2025 en: Crónica de seminarios y congresos.
En el momento de escribir estas líneas, se acaba de clausurar la sugerente exposición “Barroco global”, en las Escuderías del Quirinal, en Roma. Como es conocido, el Quirinal es una de las siete colinas romanas, en la que tiene su sede la Presidencia de la República. Es, en consecuencia, por razones históricas y contemporáneas, un centro político de primer orden, que se alza sobre un conjunto de callejuelas bulliciosas que cuentan con algunos de los lugares más visitados de la ciudad.
Las Escuderías del Quirinal, pertenecientes al complejo de la Presidencia de la República, se caracterizan por albergar exposiciones de altura. Es nota común una narrativa original y distinta, que permite abordar el objeto de la muestra desde ópticas no siempre evidentes y, por lo general, esa narrativa dota de novedad a materias muy reconocibles. Es el caso de “Barroco global”, que invita a un recorrido por la Roma (y el mundo) del siglo XVII, el siglo de Bernini, como reza la información oficial, pero el siglo también de múltiples exponentes no sólo del arte, sino también del conocimiento y de la política. También de la ciencia y de la religión: entre los siglos XVI y XVII desarrollaría su actividad Galileo, quien desafiaría al poder (religioso) establecido.
“Barroco global” ha de traducirse, en realidad, como “Roma global”, tal y como va desglosando el recorrido de la exposición: una Roma centro del mundo, cosmopolita, receptora amable de extranjeros, exportadora de representantes políticos y religiosos, cuna u hogar de artistas universales, una ciudad eterna con un papel decisivo en la geopolítica de la época. Permite reflexionar sobre cómo los avances de las sociedades (en la cultura, la ciencia, la economía, la política) suelen venir de la mano del intercambio. La movilidad geográfica, la relación con quienes son diferentes, el mirar más allá desde una posición de respeto y curiosidad son ingredientes óptimos para la evolución en positivo en todos los órdenes de la vida, también en el conocimiento científico.
En este contexto, cabe recordar la relativamente reciente “autobiografía intelectual” de un administrativista de excepción, romano de adopción, aunque originario de Campania: Sabino Cassese. “Atravesar las fronteras” (Varcare le frontiere, Mondadori, 2024) es el título que precede a ese subtítulo tan significativo de “autobiografía intelectual”. La premisa de este recorrido por la Italia política, jurídica y sentimental desde los años 30 del pasado siglo hasta hoy es justamente la propuesta de atravesar las fronteras del conocimiento, “pensar fuera de la caja”, sintiendo curiosidad por todo aquello que atañe al ser humano, que por supuesto no es sólo el Derecho.
Cassese relata cómo se acercó al Derecho casi por casualidad, tras un conjunto de avatares como joven procedente del sur de Italia, despierto y aventajado, hijo de un historiador y archivero. Explica asimismo cómo nunca le ha abandonado el gusto por la Ciencia Política y la Economía, así como por la Historia, algo que explica la dimensión de sus estudios, que nunca se quedan en la estricta letra impresa ni en el comentario del Derecho positivo a modo de sistema autorreferencial. Reivindicaba y reivindica la necesidad de entender, estudiar e interpretar el Derecho en su contexto, para lo cual se necesita, como es lógico, formación no sólo jurídica. Además, subraya el carácter colectivo del conocimiento y la obligación moral de emplear las mejores herramientas de que cada uno disponga para contribuir a la sociedad a la que se pertenece. Dedica capítulos específicos a reflexionar sobre la docencia, a la relación entre academia y política o a la relación de cada cual con la comunidad científica, donde destaca la formación de otras personas y el vínculo singular que de ahí surge. En este sentido, no puede sorprender el libro coordinado por Luisa Torchia, fruto de un congreso-homenaje al maestro y titulado Attraversare i confini del diritto (“Atravesar los confines del Derecho”, Il Mulino, 2016).
El Cassese comprometido con las mejoras de la sociedad surge en varios momentos (su etapa como Ministro o como magistrado del Tribunal Constitucional), pero ese Cassese comprometido lo encontramos en otros lugares: en sus apariciones en medios de comunicación o en otro tipo de publicaciones, como la monografía Il governo dei giudici (“El gobierno de los jueces”, Laterza, 2022), donde un autor indignado con el sistema -por los excesos y la politización de la justicia- hace un recorrido por dicho sistema proponiendo cambios.
Retomando la mención a los discípulos de Sabino Casssese y regresando al símbolo del poder político que es el Quirinal, se ha de aludir a un libro atípico, también de memorias, escrito por alguien que no se encuentra todavía en edad de publicarlas, pero que con acierto ha asumido la responsabilidad de hacerlo. Me refiero aquí al excelente Il mondo sulle spalle [“El mundo sobre los hombros”, Mondadori, 2025] de Giulio Napolitano, catedrático de Derecho Administrativo e hijo de quien fuera Presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano. Se trata de un libro de casi 500 páginas que se lee con la voracidad de un thriller histórico-político. Si he subrayado el parentesco entre ambos Napolitanos es porque el libro refleja esa relación: en realidad, las memorias del hijo son un recorrido por la apasionante vida del padre, mostrando además un vínculo entre ambos que no admite fisura alguna. No escribe el Catedrático de Derecho Administrativo (aunque, evidentemente, esa faceta es también relevante), sino el cómplice de un protagonista indiscutible en la Historia italiana reciente.
Quien fuera el primer y único presidente excomunista de Italia, envidiablemente longevo, el primero en ser reelegido, hacedor de compromisos y testigo de años en extremo duros e intensos en el país alpino, se acerca al lector desde los ojos de un niño, primero, para más tarde hacerlo con las gafas del estudioso del Derecho y comprometido con la política, que asesora al padre en tanto que padre y en tanto que presidente. Varias figuras del Derecho Administrativo italiano aparecen en el libro, un Derecho que no deja de ser la traducción jurídica más genuina de la política, el instrumento que trata de reconducirla a cauces menos apasionados y más efectivos.
Esa Roma global que relataba al principio, esta necesidad del Derecho y del ser humano en general de atravesar las fronteras, esta relación entre el Derecho y otros ámbitos de la vida, también la política, fueron fácilmente detectables en el Congreso de la Asociación Italiana de Profesores de Derecho Administrativo, que tuvo lugar en Roma el 21 de mayo de 2025. Bajo el título “La formación del Derecho Administrativo: La perspectiva comparada y la evolución nacional”, y siguiendo la batuta del presidente Aldo Sandulli, las personas asistentes se adentraron en las entrañas no sólo del Derecho Administrativo italiano y no italiano, sino también del propio sentido de la asociación. Sabino Cassese fue el encargado de referir el nacimiento y el desarrollo de la misma, en términos bastante similares a los que condujeron hace 20 años a crear la hoy Asociación de Profesores y Profesoras de Derecho Administrativo en España y cuyo aniversario se celebrará el próximo mes de enero en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de Toledo, sede del que fuera el primer congreso, acogido por el recordado Luis Ortega. Al profesor Cassese siguió en el uso de la palabra el profesor Francesco Manganaro, que puso de manifiesto que, además de unir a quienes formaban parte de este área de conocimiento, la asociación se creó con el fin de tener un interlocutor único que pudiera tender puentes hacia otras disciplinas jurídicas, pero también no jurídicas, en el entendido, como se señalaba más arriba, de que los avances del conocimiento operan justamente en las fronteras.
Se puede constatar un renovado interés en Italia por indagar en los orígenes y la evolución del Derecho Administrativo, si bien existían ya algunos trabajos de excepción (Cultura e politica del Diritto amministrativo [Cassese, Il Mulino, 1971]). En el congreso se invitó a diversos ponentes extranjeros: Jacques Ziller, Eberhard Schmidt-Assmann y Paul Craig, que presentó las líneas generales de su reciente libro English Administrative Law from 1550: Continuity and Change (“Derecho Administrativo inglés desde 1550: Continuidad y Cambio”, Oxford University Press, 2024). A ellos se sumó por la parte española Luis Medina Alcoz, que tuvo ocasión de exponer varias de las ideas fuerza de su magistral Historia del Derecho Administrativo español (Marcial Pons, 2022).
Algunas conclusiones alcanzadas en el coloquio fueron, de forma sintética, las siguientes:
1) El surgimiento y el avance del Derecho Administrativo en diversas coordenadas geográficas ha venido dado, en general, por la comparación con otros ordenamientos jurídicos, siendo así que -podría añadirse- el enfoque histórico también es una comparación, no en el espacio, pero sí en el tiempo [sobre la cuestión jurídico--comparada me permito referirme aquí a la breve monografía Una metodología para el Derecho comparado europeo (Derecho público comparado y Derecho Administrativo europeo), en el marco teórico del Derecho Administrativo europeo, así como a un trabajo posterior, en el que el marco teórico de las reflexiones sobre el uso del Derecho comparado fue la crisis económico-financiera desatada en el año 2008];
2) La configuración de la narrativa dominante en cada momento viene dada por las particularidades personales de las figuras que en cada caso asumen el papel de liderazgo académico: el sistema jurídico-administrativo no se construye de la misma manera si se adopta la posición del estudioso en sentido estricto, del abogado, de quien está implicado en política o aspira a estarlo, o bien si, de forma consciente o inconsciente, se escribe desde la atalaya de la judicatura. Así, y como recordó Jacques Ziller, el allí tantas veces mentado Tocqueville (en el contexto de la separación de poderes y de su importancia para la construcción del Derecho Administrativo) fue juez antes de viajar a Estados Unidos y publicar sus reflexiones. En relación con esta cuestión, resulta pertinente recordar el debate sobre los sesgos en el conocimiento científico y cómo estos afectan a todas las disciplinas, también a la nuestra (en este ámbito me remito al reciente, completo y sugerente estudio de Oriol Mir, así como al aparato bibliográfico ahí contenido, en particular en lo concerniente a quienes han abordado la materia desde nuestra disciplina).
Todo ello muestra la necesidad de abordar el Derecho Administrativo asimismo de una forma global, como la pujante Roma del barroco. Esa globalidad, por cierto, en el caso italiano, requiere mencionar otras voces que no han aparecido a lo largo de esta crónica, pero que resultan imprescindibles en el debate actual sobre el Derecho Administrativo y sus confines. Así, junto a Luisa Torchia, las profesoras Barbara Marchetti y Margherita Ramajoli han abordado, por ejemplo, los desafíos del Estado digital y, en concreto, de la justicia administrativa ante la transformación digital. Por su parte, Diana-Urania Galetta es una de las máximas exponentes del Derecho Administrativo en una dimensión europea e internacional, como también lo es Giacinto della Cananea, investigador principal del que fuera el primer proyecto concedido en Italia por el European Research Council en el ámbito jurídico. En fin, por concluir un elenco en absoluto exhaustivo, la exmagistrada y exvicepresidenta del Tribunal Constitucional Daria de Petris, junto a quienes actualmente forman parte de dicho Tribunal, Marco d’Alberti y Maria Alessandra Sandulli (acompañados de un número importante de académicos de otras disciplinas), muestran cómo la presencia del conocimiento universitario se encuentra presente en las instituciones italianas.
Con estas pinceladas se ha pretendido realizar una breve crónica de ciertos elementos que caracterizan el Derecho Administrativo italiano contemporáneo, en el entendido de que muchos de dichos elementos coinciden con el estado de la cuestión en nuestro país. Sería interesante, en cualquier caso, contar con una Cultura e política del Derecho Administrativo español, que abordara la evolución de nuestra doctrina, el contexto político y social de las diversas aportaciones y de los debates que han marcado cada época y, en fin, de las y los protagonistas de esta historia. También las autobiografías intelectuales à la Cassese serían bienvenidas. No es tarea sencilla y debería ser abordada con cierta distancia, para evitar apegos o desapegos excesivos que empañen el resultado. Pero seguro que se ofrecería una dimensión global de interés, pues se darían claves para entendernos y para entender nuestra disciplina dentro y fuera de nuestras fronteras.
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